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Los primeros
asentamientos humanos que se conocen datan del 5000 a.C. Los
descubrimientos de numerosos vestigios de esa época atestiguan la
existencia de unas comunidades prehistóricas que construían casas de
piedra, cultivaban pequeñas áreas agrícolas y fabricaban
herramientas, vasijas y joyas.
Los comerciantes
fenicios hacían escala regularmente en las islas, seguidos de los
cartaginenses. que fundaron la ciudad de Ibiza en el año 654 a.C,
convirtiéndola en uno de los principales puertos comerciales del
mediterráneo. A los romanos les sucedieron los visigodos y los
musulmanes. Estos últimos invadieron las Islas Baleares en el siglo
VIII y su dominación perduró durante tres siglos, dejando tras de sí
una herencia cultural y principalmente arquitectónica que sigue
presente en la actualidad.
La reconquista
cristiana fue llevada a cabo por Jaime I el Conquistador, rey de
Aragón, que tomó Mallorca en 1229 y organizó la invasión de Ibiza en
1235. Menorca, la última en volver a manos cristianas, fue asediada
en 1287 por Alfonso III. En 1343 las islas se unieron a la corona de
Aragón.
Durante los siglos
XIII y sobre todo XIV, el comercio marítimo adquiere en las Balears
una gran importancia. Mallorca se convierte en un lugar donde
convergen las rutas hacia el norte de África, Oriente y Occidente.
Palma era lonja de cambio para medio Mediterráneo, en competencia
con ciudades tan poderosas como Génova y Venecia. Se exportaban
productos de las Islas, como los tejidos mallorquines o la sal
ibicenca. La Escuela Cartográfica de Mallorca era de las más
prestigiosas. La familia judía de los Cresques elaboró el famoso
Atlas considerado como una joya cartográfica y que representaba lo
más avanzado de su tiempo.
Este intenso tráfico
supuso la creación de una clase mercantil muy poderosa, aunque
formada en parte por comerciantes extranjeros, sobre todo italianos.
Una institución fundamental fue el Consolat de Mar, que se
estableció en 1326, durante el reinado de Jaume III, y pervivió
hasta entrado el siglo XIX. Se trataba de un tribunal especial de
Justicia, encargado de atender las causas relacionadas con el
comercio marítimo y la navegación.
Los Consulados de Mar
fueron instituciones pioneras de derecho internacional, haciendo del
Mediterráneo un territorio jurídico común. También se fundó una
institución económica de primer orden ,el Col·legi de la Mercaderia,
corporación de mercaderes que se encargaba de regular y proteger el
comercio y sus representantes podían presentar sus quejas al
lugarteniente e incluso al rey, tenían sus propios escribanos y
recibían parte de los impuestos que gravaban el comercio.
Ya en el siglo XVI
hasta finales del XVIII la piratería y corsarismo se convirtieron en
un factor de inseguridad generalizada. Ambos sólo se diferencian por
la legalidad de sus acciones de rapiña. Los corsarios gozaban de la
famosa "patente de corso" otorgada por el Estado para atacar las
naves y bienes de países enemigos, y debían satisfacer un tanto por
ciento de sus ganancias al erario público. La piratería era, por el
contrario, una depredación no controlada por el Estado, que sin
embargo también se beneficiaba de ella. Fue una actividad
tradicional en el Mediterráneo desde la antigüedad, aunque durante
los siglos XVI y XVII creció extraordinariamente a causa de los
conflictos políticos y la inseguridad reinante.
En 1525 el temido
Kaired-Din Barbarroja se instala en Argel y se establecen en la
costa norteafricana centros corsarios que se benefician de las
expediciones de gran envergadura contra las costas de Europa
meridional, estando las Baleares a medio camino entre ambas.
Otro famoso pirata, un
renegado conocido como Drub el Diablo, combatió y venció contra la
flota española frente al islote de s'Espalmador, escondiendo parte
de sus botines en Formentera. También las salinas de Ibiza fueron
otro de los objetivos preferidos para los piratas berberiscos, que
se aprovechaban de la desprotección de quienes trabajaban allí para
tomarlos como cautivos.
También en 1535
ocurrió uno de los peores sucesos cuando Barbarroja se dirigió
entonces a Mahón y estando los mahoneses desesperados por la falta
de recursos, acabaron pactando con el pirata el respeto a unas
cuantas familias pero llevándose a más de quinientos cautivos en una
noche.
Entre 1545 y 1550 se
producen ataques a la ciudad de Ibiza, Portocolom, Estellencs,
Banyalbufar, Santanyí y Pollença. La sensación de inseguridad es
total en las fincas alejadas de las ciudades, donde la gente se
defiende como puede en torres fortificadas, y se alertan haciendo
sonar el ”corn” por los campos. Aquellos que son capturados acaban
en los baños de Argel, vendidos como esclavos o pendientes de
elevados rescates que no todos pueden pagar.
Para detectar la
presencia de naves piratas se proyectó un sistema de torres de vigía
que, unido a un código de señales, sería el único sistema de
vigilancia de Mallorca hasta el siglo XIX. Las señales se realizaban
con humo durante el día y con fuego por la noche. La misión de todos
esos vigilantes, a veces en lugares tan expuestos como el castillo
de Cabrera, era de lo menos envidiable. Merece ser recordado el
valor que demostraban los mallorquines que se ofrecían como
voluntarios para ocupar el castillo de Cabrera tantas veces perdido.
En 1558 una flota
turca ataca la capital menorquina y después de tres días de saqueo,
Ciudadela queda completamente destruida con un elevado numero de
muertos y unas 4.000 personas en manos de los turcos pese a la ayuda
por parte de la población civil que intenta defenderse desde sus
antiguas murallas medievales que no logran resistir los impactos de
la artillería.
El recuerdo de esta
época negra quedó en las leyendas populares y la toponimia, tan
llenas de historias de moros, doncellas raptadas o renegados que
vuelven para vengarse. Sin bien a las Baleares les tocó sufrir el
impacto de toda esa depredación pirática, justo es decir que desde
las islas se ejerció también un intenso corsarismo. Por último cabe
decir que el rapto y esclavización de personas, el robo de bienes y
el asalto de naves fue una moneda de cambio general en ese
Mediterráneo agitado de los siglos XVI y XVII.
En 1715, la monarquía
de los Borbones, tras su victoria en la Guerra de Sucesión de
España, se adueña de Mallorca e Ibiza, entonces bajo la soberanía de
los Habsburgo. En cuanto a Menorca, pasó a manos de los ingleses en
virtud del tratado de Utrech en 1713, ocupación que duró hasta 1802
y que fue interrumpida en 1756 y 1763 por la guerra de los Siete
Años y la ocupación de los franceses.
Las Islas Baleares no
salen de su estancamiento crónico hasta la llegada del turismo de
masa en los años 1950. Actualmente siguen disfrutando del auge
turístico y de la bonanza económica.
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